Hace cinco años me mudé por trabajo. Desde entonces, cada tres meses cambio de área, de entorno y muchas veces de ciudad. Aprendí a adaptarme rápido. A entender procedimientos nuevos. A conocer culturas laborales distintas. A observar cómo funcionan equipos, sistemas y comunidades pequeñas o grandes.
Eso me dio experiencia técnica y financiera. Pero también me mostró algo más profundo: que el crecimiento económico no siempre coincide con el bienestar emocional.
He enviado cientos de currículums a lo largo de mi vida. Si reviso mis correos enviados, encuentro una versión mía constante, insistente, estructurando su perfil, ajustando su experiencia, buscando oportunidades sin vergüenza y sin miedo.
Logré trabajar donde quería. Pero no necesariamente en el lugar donde quiero vivir. Ese contraste me hizo pensar mucho en propósito, coherencia y dirección.
Quien lea esto podría preguntarse:
¿Cómo saber si estoy donde quiero estar?
¿Cómo equilibrar estabilidad y propósito?
¿Cómo ordenar una transición sin improvisar?
¿Cómo capitalizar experiencia sin perder identidad?

A veces no sabemos exactamente cómo será el destino, pero sí sentimos que necesitamos avanzar. Cada paso, incluso en medio de la incertidumbre, va construyendo dirección.
Quizás la pregunta no sea si vas a cambiar, sino cuándo vas a empezar a diseñar el camino que realmente querés recorrer. Si estas reflexiones resuenan con vos, hay mucho más por descubrir.
Suscribete ahora.
Regístrate a nuestra newseletter para recibir las historias más interesantes del día directo en tu correo electrónico antes que cualquier persona